miércoles, 15 de julio de 2009

Poema y denuncia


Estimados lectores. He comprobado que aumenta el número de seguidores de este blog. Me satisface y llena de alegría. He estado ocupado en otros menesteres menos satisfactorios, aunque nunca he dejado de escribir poemas. Ahora vuelvo para presentaros uno nuevo. Uno de los que he estado trabajando. Pero he comprobado, al releerlo para incluirlo en el blog, que no me satisface demasiado. Espero que vosotros me indiquéis si os gusta o no, y, por su puesto, me hagáis llegar los errores o fallos, las incongruencias o defectos que debe tener.
En otro orden de cosas Isa, la musa, ha estado de oposiciones. Y, aunque ha aprobado, es lamentable el criterio del tribunal que la ha examinado. Esta mañana ha perdido cuatro horas esperando para reclamar. Ayer perdió la tarde al desplazarse hasta el instituto, donde se supone que debían estar los miembros del tribunal, y se encontró con el vacio. No había nadie. Claro, hace tanto calor y no cobran lo suficiente por dos o tres semanas de trabajo, que se tomaron la tarde libre, sin pensar en las personas, en la vida de las personas que dependen de su ¿criterio? de evaluación. Es lamentable cómo seres, supuestamente cualificadas para examinar, tiran por tierra el trabajo de los demás, que se esfuerzan y valen, y además lo pueden demostrar ante esos mismos que se dicen "profesores", pero en realidad tienen que vivir con la conciencia muy poco tranquila al "saber", pues se les hace evidente, que en realidad no saben nada de lo que juzgan, y juzgan mal. Volvemos al amiguismo, y, en definitiva, a la falta de moral y ética profesional, tan enraizados en Andalucía. Duele decirlo, pero es cierto. Como no tengas recomendación, un padrino, un colega, un, cómo llamarlo, valedor de, muchas veces, ineptos, no vas a ningún sitio. Así nos va en la enseñanza. Así nos va en la vida. Pinchad en el enlace de abajo y leed la noticia en el periódico ideal de Granada.
En fin disfrutad, si podéis de este mi poema. Intentaré mejorarlo con vuestras sugerencia. Un saludo a las nuevas incorporaciones.


Amo esta lluvia cuando cesa.
Amo sus bordes, su promesa,
el dardo de luz que se deja
caer entre nubes, la añeja
calle, la infancia polvorienta
tras los cristales, el desván
donde la memoria se avienta
con tibio aroma de arrayán.
Ilumina el sol las colmenas
de la tarde, y, cuanto aquí deja,
prende en los ramajes y venas,
se torna azogue y da perpleja
ya su medida sin ambajes.
Después de tus labios de fresa,
-rojos crepúsculos salvajes-,
amo esta lluvia cuando cesa.

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