viernes, 22 de enero de 2010

Tomás Segovia. Soneto votivo.

Para Isabel. Siempre ahí.

Si te busco y te sueño y te persigo,
y deseo tu cuerpo de tal suerte
que tan sólo aborrezco ya la muerte
porque no me podré acostar contigo;
.
si tantos sueños lúbricos abrigo;
si ardiente, y sin pudor, y en celo, y fuerte
te quiero ver, dejándome morderte
el pecho, el muslo, el sensitivo ombligo;
.
si quiero que conmigo, enloquecida,
goces tanto que estés avergonzada,
no es sólo por codicia de tus prendas:
.
es para que conmigo, en esta vida,
compartas la impureza, y que manchada,
pero conmovedora, al fin me entiendas.

Armando Rivero. Dos poemas.


Sin besarte ni escucharte respirar mientras duermes
prefiero no ser un invitado más en tu cocina,
entre las frutas y los paños,
.
mejor me quedaré por los bares, rondándote.


Llueve sobre la palma de mi mano
alrededor también,
pero sólo me preocupa controlar
la lluvia que invade la casa de mis dedos
.
Nada que ver con los científicos ni con Dios,
ésta mi lluvia,
es inteligente, sana, legítima
.
seré su padre.


Germán Machado. Poema.




Al Final (extraído de su blog Garabatos y Ringorrangos)


destruir una escultura
—un macizo de piedra y de metal—
y decir:
lo mejor de nuestra vida
ha llegado a su fin

hay un pedernal
donde no crecen sombras
y hay sombras donde
la llanura es un vacío de tierra
y sal
y cardos

destruir una sombra
—la maciza oscuridad de la mirada—
y decir:
lo peor de nuestra vida
en un lenguaje llano

destruir los recuerdos
sin poder olvidarlos
y callar
y callarse

Carl Sagan y Stephen Hawking. Casi poemas.

No son poetas, pero hablaban como tales. Los siguientes textos son traducciones de Víctor R. Ruíz.


[Hawking]
Desde hace miles de años
nos hemos preguntado sobre el universo
se expande para siempre
o hay algún límite

Desde la Gran Explosión a los agujeros negros
desde la materia oscura a una posible Gran Implosión
nuestra imagen del Universo actual
está llena de ideas que parecen extrañas

[Sagan]
Qué suerte tenemos de vivir en esta época
el primer momento en la Historia de la Humanidad
en el que visitamos otros mundos

La superficie de la Tierra es la orilla del Océano Cósmico
recientemente nos hemos adentrado un poco
y el agua nos invita a continuar


Rafael Cadenas. Poemas


Rompes sus líneas,
quebrantas su código,
lo obligas a acoger su cuerpo
–transgresión
que restaña la herida,
.
este errar
de apátridas.
—–
El abre los ojos,
siente,
se abandona.
Sabe ya que nada, nada,
le pertenece,
salvo su dependencia,
y acata

Pedro Montealegre Latorre (Santiago de Chile, 1975)

Poema del libro La Palabra Rabia.

Arder. Arder. Sabor del salitre que abandona el cuerpo. Hedor. Piel quemada
en medio. Y el beso. Fugar. Fagocito. Fuego. Fatiga. Y la Sal. El recuerdo
contamina. El recuerdo. Égloga del solo que lee las llamas. Yo llamo, él siente
el abrazo del poema. La inanición del poema, similar a él mismo. Sobrevívete, oye
el crujir de maderas, el crujir del hueso cuando se encuentra con hueso.
Todo arde con el incendio. El agua es incendio. Lo indecente reclama
su lugar en el incendio. Lo puro y lo sacro. Arder. Arder. Diga, ¿qué sube
en el termómetro del ojo? Una araña de vapor. Una araña de flúor, de fósforo, dos
átomos de oxígeno y uno de carbono -así se crea un fantasma. Se trata de tierra.
Países como hornos, fraguas de pan, dientes de lava -dulces- miel, delito, dáctilo
de quien estira los labios y quema el placer. Pero hay engaño. Hay doler
en la gramática de quien come. Y otro no. Y otro huele. Perros podridos,
dentadura de perros como flores siniestras, gusanos bellísimos parecidos a hielo
formando estalactitas. La oquedad. La memoria. Arder. Arder. Sudar la hiel.
Pedazo de vidrio llamado ciudad. Tu fuego y tu fuga. Fagocito. Fatiga. Fe, y más
que fe: falacia. Todo arde con el incendio -de sílabas, hombres. Y tú, allí,
revoluciona el repertorio, ¿es de hierro?, ¿es ladrillo? Construcción, no me sirves
para poder vivir. Yo quiero ser todos, llamarada sin causa, más que arder
en direcciones del hábito. No habito. Ser. Manga de polillas contra el lucero. Ser
de polillas destrozadas por la palabra electricidad. Pero hay engaño. Ah, tierra:
con mujeres, hombres, todos aplastados por la bota: Ver: hombres, mujeres.
Muéranse de hambre, la pólvora cante con verdadero esternón. Esternón de ti
golpeando el gong del contramaestre. Yo caigo. Yo caigo. Y tú, ¿qué haces aquí,
si no hay más que arder? Arder. Arder, así la marejada vista desde dentro.
Hambre de palabras, lenguaje cuya estructura es una brasa en llamas, fría, sal
depositada en la lengua y, sin embargo, glaciar. Salitre que abandona.
Niñas entumecidas sin saber qué decir. Ciudad. Cíclope. Hombre. Desterrado.
Delito del poema que se cae de la boca, ya diente, saliva. Vergüenza del aire,
presto a desaparecer. Lo puro y lo sacro. Arder. Arder. Llama el beso
conservado en formalina. Pudrición necesaria. Olor chamuscado. Y fe. Y fin.




Dragan J. Ristic. Cinco Haikús del Refugio Antiaéreo

Versión realizada sobre la base de las traducciones del original serbio al inglés (Dragan J Ristic, Charlie Trumbiull) y al francés (Serge Tomé). Las versiones son libres, tratando de ajustarse -como versión poética- al concepto del haiku, más que a la literalidad. (Daniel Bellón).



I
Rondan los bombarderos
los vecinos alzan la vista
preguntándose si lloverá
II
Frente a la tele
A la luz de una vela
Un sonido a lo lejos
III
Mirando una araña
Tejer su tela
Alerta aérea
IV
No quiero ir
En mitad de este ensueño
al refugio
V
Luces apagadas
Antes del bombardeo
Brilla la luna

Daniel Bellón. Poema de Síndrome de déficit de atención


Auriculares

(los auriculares EX incluidos tienen gran 
capacidad de aislamiento del ruido exterior)


aislados del ruido exterior
asilados en nuestro interior ruido
alisado bajo ritmos ajenos
domesticado.