Mostrando entradas con la etiqueta Teoría del poema en prosa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Teoría del poema en prosa. Mostrar todas las entradas

miércoles, 5 de enero de 2011

Teoría del poema en prosa (III)


Una paloma a veces volando, -a veces junto a un vaso vacío-, trae un aire finísimo que roza el cutis del cristal. Y comienza aquí o en alguna otra parte, -tal vez porque acaso nunca se detuvo-, ese infierno de prójimo contra ti mismo, de espejo fragmentado que elude tu reflejo tras tu sombra. Esa voz secreta y omnímoda, provocadora, de las palabras en el eco del interior de tu cabeza. La obsesión, posada con garras de rapaz, en el centro del alma, picoteando las vísceras de Prometeo. La obsesión avanzando valiente entre las rejas del costillar. La cítara de la obsesión recabando los sueños que la razón no entiende.
A veces, una paloma volando trae tras de si una acumulación de nimbos, sacude y alza los estratos de la vida, te muestra la claridad total de la noche.
Tal es el porvenir
después del sufrimiento. (*)




(*)Antonio Méndez Rubio

viernes, 19 de noviembre de 2010

Teoría del poema en prosa (II)


la mujer de rojo llega tumbada en la noche mirando hacia el resquicio por donde la luz se desborda
lo blanco derretido la claridad evaporada
piso así la ceniza sus sales térreas y alcalinas los óxidos metálicos de lo que fue la luz hallo jirones de su anguarina
abajo el día arde suena el resplandor de las brasas crujen los brazos y lenguas del fuego abrazan y muerden la madera la horadan
la mujer de rojo abre la boca su silencio es la dura sombra del alcaraván y grita una bruma de acero
palabra por palabra el tiempo desgrana sus instantes pero no hay tiempo pues la noche ha soñado el mar y ha vertido su veneno
la mujer de rojo tiembla cierra la boca muerde fría la arena las huellas de su paso por la playa

jueves, 18 de marzo de 2010

Teoría del poema en prosa


metódico otea y ata el horizonte una vocal de sombra herrumbra el aire inmóvil halla la distancia más segura para arrojar al viento la ceniza de sus convicciones destila el arco de su tez de tiza invisible bajo la lluvia la memoria nada en sus facciones amanece la palabra sal con un párpado de sol talla su luz la esparce labrada luz de granos y teselas y todo porque en la acera el negro de Harlem lo dice al salir pisando el cielo mientras el brillo en los ojos del cansancio ladra igual que un perro que huele la piel de la tarde de los domingos aunque allí estaba casi siempre el arco iris exacto de tu risa puntual su color labrad0 en los pulmones y las voces de los niños dando cobertura al aire gris e innecesario que empieza a fondear ya en el vientre de las sombras y extiende sus redes como una urdimbre ingenua la luz de la luna