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miércoles, 23 de marzo de 2011
jueves, 11 de noviembre de 2010
Samarkanda, novela de Amin Maalouf
Estoy leyendo la novela de Amin Maalouf Samarkanda. El autor acaba de recibir el premio Príncipe de Asturias de las letras. En esta novela se narra la vida del astrónomo, matemático, filósofo y poeta Omar Jayyam. Fue uno de los intelectuales más importantes de su época, el período califal abbasí. Nació alrededor del año 1040, en la ciudad de Nisapur, situada al noroeste de Irán, en una llanura fértil al pie de las montañas. Es reconocido por su obra las Ruba'iyyat. El texto de Maalouf engancha pronto y si, al mismo tiempo, se consultan los datos que aparecen en la novela, uno va abriéndose camino en un paisaje u una época lejanas, pero inmensamente atractivas. Aparecen personajes tan importantes como Nizam el-Molk, y el fundador de la secta de los Asesinos, Hassan Sabbah.
La imagen superior es un manuscrito de los Rubaiyat realizado por Morris y Burne-Jones.
"Puesto que ignoras lo que te reserva el mañana, esfuérzate por ser feliz hoy. Coge un cántaro de vino, siéntate a la luz de la luna y bebe pensando en que mañana quizá la luna te busque en vano".
"Entre la fe y la incredulidad, un soplo. Entre la certeza y la duda, un soplo. Alégrate en este soplo presente donde vives, pues la vida misma está en el soplo que pasa".
lunes, 8 de noviembre de 2010
Lectura en los Diablos Azules
Los compañeros de la tertulia Rascamán van a realizar un lectura de sus poemas en el bar madrileño los Diablos Azules. No podré asistir, pero oiré sus versos silbados por el viento del otoño.
Noviembre
Este fin de semana, como cada quince días, Isabel y yo nos refugiamos en nuestro pequeño paraíso, cerca de Granada, en un pueblo de las estribaciones de la Sierra. Desde allí vamos a dar paseos por entre árboles y huertas, -recogemos nueces, higos, tomates, hierbas aromáticas-, sumidos completamente en la luz del otoño, en los colores embriagadores que nos ofrece esta estación del año. Encendemos la chimenea, apagamos la luz eléctrica, y, bajo una confortable manta, miramos fijamente cómo las lenguas naranjas y rojas del fuego muerden la madera seca, sin prisa, con celo callado. El tiempo transcurre, pero no pasa. Vivimos en la lentitud del fuego y del silencio. Allí somos nosotros dos, dos amantes, dos amigos. Nos vivimos despacio, -madera mordida por el fuego-, hasta que el resplandor de las brasas no nos alcanza, cubiertas ya por la ceniza.
Las hojas de los álamos de tu corazón, bajo la tibia luz de noviembre, también cambian de color y se las lleva el viento.
viernes, 5 de noviembre de 2010
Materia (poema)

tu voz
tu cintura
tus pechostu cintura
tu mirada altiva
su claridad evaporada
el aire al que me aprieto
muro de adobe
rumor de bóveda
bebo de tus labios
arroyos de relente
vasos de mi voz
entre las hojas oscuras
el silencio oculta
una lluvia de cristales
residuos del sueño mis pasos
las huellas sobre la piel de las pizarras
una lluvia de cristales
residuos del sueño mis pasos
las huellas sobre la piel de las pizarras
martes, 26 de enero de 2010
Philippe Jaccottet. Poemas
Philippe Jaccottet (nacido en Moudon, Suiza, el 30 de junio de 1925) es un poeta y traductor de varios idiomas, afincado en Francia desde 1953. Hoy se le considera uno de los más grandes poetas en francés vivos. Se ha traducido al castellano una extraña narración en primera persona, medio ontológica: La oscuridad, y varios libros de poesía, como A la luz del invierno, Pensamientos bajo las nubes, A través de un vergel, Cuaderno de verdor.
Tú estás aquí
Tú estás aquí, el ave de viento gira
Dulzura mía, herida mía, amor mío.
Viejas torres de luz se desvanecen
Y la ternura entreabre los caminos.
La tierra es ahora nuestra patria.
Entre la hierba y las aguas avanzamos,
Del lavandero donde brillan nuestros besos
Al espacio que fulminará la guadaña.
“¿dónde estamos?” Perdidos en el corazón
de la paz. Aquí, bajo nuestra piel,
bajo la corteza y el barro, sólo habla.
Con su violencia de toro, la sangre
Fugitiva que nos confunde y nos conmueve
Como esas maduras campanas sobre el campo
Ahora sé
Ahora sé que no poseo nada, ni siquiera
Ese oro hermoso hecho de hojas marchitas,
Ni esos días que vuelan del ayer al mañana
Con grandes aletazos hacia una feliz patria.
La emigrante mustia , la belleza liviana, huyó
Con ellos, con sus falaces secretos,
Envuelta en brumas. Sin duda la conducirán
A otro lugar,; a través de estos bosques lluviosos.
Como antaño, me hallo en el umbral de un invierno
Irreal, donde canta el pardillo, obstinado, única llamada
Que no cesa, como yedra . Mas ¿quién puede decir
Cuál es su sentido? Veo mi salud disminuir,
Semejante a ese leve fuego de más allá de la niebla
Que un frío viento aviva, apaga... Ya es tarde.
(Fuentes: para la biografía, Wikipedia; y para los poemas, Atlas de poesía)
Poética
"El deseo de experimentar, de conocer, me hace con frecuencia llevar en mi obra una marcha discontinua, que a lo mejor se debe a que me interesa más la experimentación que la experiencia. También prefiero el conocer que el conocimiento". (Eduardo Chillida).
Pero ¿qué ocurre cuando lo que vemos, aunque a cierta distancia, parece tocarte con un contacto ávido, cuando la cuestión de ver es una especie de tacto, cuando ver es un contacto a distancia? ¿Qué ocurre cuando lo que se ve se impone en tu mirada, como si la mirada hubiera sido tomada, tocada, puesta en contacto con la apariencia? (Maurice Blanchot)
viernes, 22 de enero de 2010
Tomás Segovia. Soneto votivo.
Para Isabel. Siempre ahí.
Si te busco y te sueño y te persigo,
y deseo tu cuerpo de tal suerte
que tan sólo aborrezco ya la muerte
porque no me podré acostar contigo;
.
si tantos sueños lúbricos abrigo;
si ardiente, y sin pudor, y en celo, y fuerte
te quiero ver, dejándome morderte
el pecho, el muslo, el sensitivo ombligo;
.
si quiero que conmigo, enloquecida,
goces tanto que estés avergonzada,
no es sólo por codicia de tus prendas:
.
es para que conmigo, en esta vida,
compartas la impureza, y que manchada,
pero conmovedora, al fin me entiendas.
Si te busco y te sueño y te persigo,
y deseo tu cuerpo de tal suerte
que tan sólo aborrezco ya la muerte
porque no me podré acostar contigo;
.
si tantos sueños lúbricos abrigo;
si ardiente, y sin pudor, y en celo, y fuerte
te quiero ver, dejándome morderte
el pecho, el muslo, el sensitivo ombligo;
.
si quiero que conmigo, enloquecida,
goces tanto que estés avergonzada,
no es sólo por codicia de tus prendas:
.
es para que conmigo, en esta vida,
compartas la impureza, y que manchada,
pero conmovedora, al fin me entiendas.
Rafael Cadenas. Poemas
Rompes sus líneas,
quebrantas su código,
lo obligas a acoger su cuerpo
–transgresión
que restaña la herida,
.
este errar
de apátridas.
—–
El abre los ojos,
siente,
se abandona.
Sabe ya que nada, nada,
le pertenece,
salvo su dependencia,
y acata
Pedro Montealegre Latorre (Santiago de Chile, 1975)
Poema del libro La Palabra Rabia.
Arder. Arder. Sabor del salitre que abandona el cuerpo. Hedor. Piel quemada
en medio. Y el beso. Fugar. Fagocito. Fuego. Fatiga. Y la Sal. El recuerdo
contamina. El recuerdo. Égloga del solo que lee las llamas. Yo llamo, él siente
el abrazo del poema. La inanición del poema, similar a él mismo. Sobrevívete, oye
el crujir de maderas, el crujir del hueso cuando se encuentra con hueso.
Todo arde con el incendio. El agua es incendio. Lo indecente reclama
su lugar en el incendio. Lo puro y lo sacro. Arder. Arder. Diga, ¿qué sube
en el termómetro del ojo? Una araña de vapor. Una araña de flúor, de fósforo, dos
átomos de oxígeno y uno de carbono -así se crea un fantasma. Se trata de tierra.
Países como hornos, fraguas de pan, dientes de lava -dulces- miel, delito, dáctilo
de quien estira los labios y quema el placer. Pero hay engaño. Hay doler
en la gramática de quien come. Y otro no. Y otro huele. Perros podridos,
dentadura de perros como flores siniestras, gusanos bellísimos parecidos a hielo
formando estalactitas. La oquedad. La memoria. Arder. Arder. Sudar la hiel.
Pedazo de vidrio llamado ciudad. Tu fuego y tu fuga. Fagocito. Fatiga. Fe, y más
que fe: falacia. Todo arde con el incendio -de sílabas, hombres. Y tú, allí,
revoluciona el repertorio, ¿es de hierro?, ¿es ladrillo? Construcción, no me sirves
para poder vivir. Yo quiero ser todos, llamarada sin causa, más que arder
en direcciones del hábito. No habito. Ser. Manga de polillas contra el lucero. Ser
de polillas destrozadas por la palabra electricidad. Pero hay engaño. Ah, tierra:
con mujeres, hombres, todos aplastados por la bota: Ver: hombres, mujeres.
Muéranse de hambre, la pólvora cante con verdadero esternón. Esternón de ti
golpeando el gong del contramaestre. Yo caigo. Yo caigo. Y tú, ¿qué haces aquí,
si no hay más que arder? Arder. Arder, así la marejada vista desde dentro.
Hambre de palabras, lenguaje cuya estructura es una brasa en llamas, fría, sal
depositada en la lengua y, sin embargo, glaciar. Salitre que abandona.
Niñas entumecidas sin saber qué decir. Ciudad. Cíclope. Hombre. Desterrado.
Delito del poema que se cae de la boca, ya diente, saliva. Vergüenza del aire,
presto a desaparecer. Lo puro y lo sacro. Arder. Arder. Llama el beso
conservado en formalina. Pudrición necesaria. Olor chamuscado. Y fe. Y fin.
Arder. Arder. Sabor del salitre que abandona el cuerpo. Hedor. Piel quemada
en medio. Y el beso. Fugar. Fagocito. Fuego. Fatiga. Y la Sal. El recuerdo
contamina. El recuerdo. Égloga del solo que lee las llamas. Yo llamo, él siente
el abrazo del poema. La inanición del poema, similar a él mismo. Sobrevívete, oye
el crujir de maderas, el crujir del hueso cuando se encuentra con hueso.
Todo arde con el incendio. El agua es incendio. Lo indecente reclama
su lugar en el incendio. Lo puro y lo sacro. Arder. Arder. Diga, ¿qué sube
en el termómetro del ojo? Una araña de vapor. Una araña de flúor, de fósforo, dos
átomos de oxígeno y uno de carbono -así se crea un fantasma. Se trata de tierra.
Países como hornos, fraguas de pan, dientes de lava -dulces- miel, delito, dáctilo
de quien estira los labios y quema el placer. Pero hay engaño. Hay doler
en la gramática de quien come. Y otro no. Y otro huele. Perros podridos,
dentadura de perros como flores siniestras, gusanos bellísimos parecidos a hielo
formando estalactitas. La oquedad. La memoria. Arder. Arder. Sudar la hiel.
Pedazo de vidrio llamado ciudad. Tu fuego y tu fuga. Fagocito. Fatiga. Fe, y más
que fe: falacia. Todo arde con el incendio -de sílabas, hombres. Y tú, allí,
revoluciona el repertorio, ¿es de hierro?, ¿es ladrillo? Construcción, no me sirves
para poder vivir. Yo quiero ser todos, llamarada sin causa, más que arder
en direcciones del hábito. No habito. Ser. Manga de polillas contra el lucero. Ser
de polillas destrozadas por la palabra electricidad. Pero hay engaño. Ah, tierra:
con mujeres, hombres, todos aplastados por la bota: Ver: hombres, mujeres.
Muéranse de hambre, la pólvora cante con verdadero esternón. Esternón de ti
golpeando el gong del contramaestre. Yo caigo. Yo caigo. Y tú, ¿qué haces aquí,
si no hay más que arder? Arder. Arder, así la marejada vista desde dentro.
Hambre de palabras, lenguaje cuya estructura es una brasa en llamas, fría, sal
depositada en la lengua y, sin embargo, glaciar. Salitre que abandona.
Niñas entumecidas sin saber qué decir. Ciudad. Cíclope. Hombre. Desterrado.
Delito del poema que se cae de la boca, ya diente, saliva. Vergüenza del aire,
presto a desaparecer. Lo puro y lo sacro. Arder. Arder. Llama el beso
conservado en formalina. Pudrición necesaria. Olor chamuscado. Y fe. Y fin.
Dragan J. Ristic. Cinco Haikús del Refugio Antiaéreo
Versión realizada sobre la base de las traducciones del original serbio al inglés (Dragan J Ristic, Charlie Trumbiull) y al francés (Serge Tomé). Las versiones son libres, tratando de ajustarse -como versión poética- al concepto del haiku, más que a la literalidad. (Daniel Bellón).
I
Rondan los bombarderos
los vecinos alzan la vista
preguntándose si lloverá
Rondan los bombarderos
los vecinos alzan la vista
preguntándose si lloverá
II
Frente a la tele
A la luz de una vela
Un sonido a lo lejos
A la luz de una vela
Un sonido a lo lejos
III
Mirando una araña
Tejer su tela
Alerta aérea
Tejer su tela
Alerta aérea
IV
No quiero ir
En mitad de este ensueño
al refugio
En mitad de este ensueño
al refugio
V
Luces apagadas
Antes del bombardeo
Brilla la luna
Antes del bombardeo
Brilla la luna
Daniel Bellón. Poema de Síndrome de déficit de atención
Auriculares
(los auriculares EX incluidos tienen gran
capacidad de aislamiento del ruido exterior)
capacidad de aislamiento del ruido exterior)
aislados del ruido exterior
asilados en nuestro interior ruido
alisado bajo ritmos ajenos
domesticado.
asilados en nuestro interior ruido
alisado bajo ritmos ajenos
domesticado.
viernes, 15 de enero de 2010
Miguel Suárez. La voz del cuidado, 1970-1995
Miguel Suárez (Vera de Bidasoa, Navarra, 1951).
Pasó su niñez en una aldea de la montaña leonesa, de donde procede una parte de su familia, y la primera juventud en la ciudad de León. Reside habitualmente en Valladolid. Creó las artesanales Ediciones Portuguesas y fue miembro fundador de las revistas “Un ángel más” y “El signo del gorrión”. Ha dirigido la colección Icaria-Poesía. Su obra poética ha sido reunida en el libro ‘La voz del cuidado’ (Editorial Dilema, 2009).
La Fundación Santiago Montes abre el curso de sus actividades culturales con la presentación de la poesía reunida del autor de ‘La voz del cuidado’
«Es una de las voces más importantes de las últimas décadas del siglo XX»
«Es una de las voces más importantes de las últimas décadas del siglo XX»
Miguel Suárez es un poeta retirado. Retirado en el estricto sentido de la palabra. Apartado del ruido. Oculto. No cabe duda de que su invisibilidad ha podido afectar a su poesía. Injustamente invisible para su calidad. Pero la colección Ocnos Alas, de la editorial Dilema, dedicada a publicar Poesía Reunida de diversos autores ha contribuido a paliar ese silencio que pesa sobre una obra radical y plenamente contemporánea. El libro, que lleva por título el de su último libro, ‘La voz del cuidado’, se presentó ayer en la Fundación Santiago Montes.
Tres escritores, tres conocedores de su obra en profundidad fueron los encargados de desentrañar una poesía jalonada por títulos como ‘Nombrando el porvenir’, ‘Diciéndolo de nuevo’ o ‘La perseverancia del desaparecido’, título que parece una premonición.
La totalidad del artículo puede leerse en http://islakokotero.blogsome.com/category/miguel-suarez-el-ruinas/
El archipiélago del amanecer encendió sus puertos. La
vía láctea está ya sobre otras espaldas.
Insomnes, en sazón, abandonamos nuestro misterio al paso.
Como el hombre de un día así. En el temblor, se alisa
el pelo.
*
Nuestro momento a solas. ¡Tan reales los tres chopos,
la pista de tenis vacía, y la lluvia!
Un paisaje y una lengua es cuanto necesitamos ahora.
Arrecia.
lunes, 23 de noviembre de 2009
Abril en noviembre. Poema
Por fin nació Abril. Se hizo esperar pero ya está en su casa con sus felices y primerizos padres. Un beso para ella.
ABRIL
(poema para una niña que nos hace esperar)
Abril abre la tierra con sus manos.
Abril abre la carne como un fruto.
Abril toma la luz y juega.
Abril le pone nombre
a la primavera.
Abril, Abril, Abril.
Y el agua suena, suena, suena.
Abril abre sus manos.
Abril abre las flores.
Abril se abriga con la espuma.
Su piel de sal es sed para el verano.
Abril, Abril, Abril.
Y el agua suena, suena, suena.
Abril abre los ojos.
Abril abre la luz que quema.
Sus ojos son diamantes
donde se agitan las luciérnagas.
Abril, Abril, Abril.
Y el agua sueña, sueña, sueña.
Granada, a de de 2009
ABRIL
(poema para una niña que nos hace esperar)
Abril abre la tierra con sus manos.
Abril abre la carne como un fruto.
Abril toma la luz y juega.
Abril le pone nombre
a la primavera.
Abril, Abril, Abril.
Y el agua suena, suena, suena.
Abril abre sus manos.
Abril abre las flores.
Abril se abriga con la espuma.
Su piel de sal es sed para el verano.
Abril, Abril, Abril.
Y el agua suena, suena, suena.
Abril abre los ojos.
Abril abre la luz que quema.
Sus ojos son diamantes
donde se agitan las luciérnagas.
Abril, Abril, Abril.
Y el agua sueña, sueña, sueña.
Granada, a de de 2009
sábado, 14 de noviembre de 2009
Juan Carlos Friebe y Javier García Cellino.
Hace tiempo que les debo a estos dos poetas un agradecimiento por su amistad. El primero Juan Carlos Friebe me sorprendió con su poemario Las Briznas, ganador del premio Leonor de poesía. El segundo, Javier García Cellino, por haberle conocido en la entrega de premios de Pozaldez el año pasado. Él obtuvo el primer premio de relatos y yo el primero de poesía. Su libro Sonata triste de un abecedario, ganó el premio de poesía Juan Ramón Jiménez. Un saludo desde aquí a los dos. Ante la imposibilidad de encontrar un poema en la red de Javier, os dejo uno de Juan Carlos.
MUNDOS PARALELOS. Uno.
Feliz quien parte atado al corazón
Pues, aunque no regrese nunca, siempre
Habitará su casa. Feliz quien viene y va
A antojo de su dicha y sus senderos,
En pos de sí y de sus misterios hondos,
De su amor, su quimera, de su nada.
Cuánto más si al susurro de su voz
Sujeto, atento sólo a su murmullo,
Se escucha y dice: heme: al mismo tiempo
Que presta tacto, vista, oído al mundo,
Y lo comprende o no, pero le incumbe,
Le inmuta, le conmueve, le anonada,
De pilar a pilar le zarandea el alma
Al vibrar de raíz y de consciencia.
Pasa la brisa sobre tallo tierno,
Mece el aire los álamos combados.
Feliz la rama, si feliz la hoja.
De “Mundos paralelos”. Poemas escritos para una exposición de Mª José de Córdoba. 2002
jueves, 12 de noviembre de 2009
Poemas
Adelanto tres poemas que formarán parte del próximo libro en que trasiego. Quiero dedicárselos al poeta José María Herranz.[pócima del poema]
añada
concreción
entrevere
luz crónica
y algo
de su propia cosecha
pero no diga nada
y a veces
déjese llevar
*
A Ángel Guinda
Alud de luz
Salud de la luz
Dadle azul
Y luce
*
Nieva la luz hirviente sobre la nieve
Respira el sol por blanca herida
lunes, 9 de noviembre de 2009
José María Herranz, Las razones del lobo


Arderán,
arderán todas las raíces de la tierra
y será un baño de luz oscura la que reine entonces,
un agua maldita la que se beba,
un trigo envenenado el que se coseche;
arderán,
arderán todas las esperanzas del hombre en una [sola hoguera
que fue alimentando con su lástima y su odio,
en genuflexión inútil ya,
sin la espalda posible que volver.
Ángel Guinda, Toda la luz del mundo
Un conjunto de metáforas, antítesis, perífrasis, preguntas retóricas que no hallarán respuesta. Así es este libro, esta joya poética.
He cerrado los ojos para ver.
He movido la noche para que cante el sol.
¿Eres luz de invierno o el invierno de la luz?
viernes, 16 de octubre de 2009
Juan Carlos Mestre, Premio nacional de poesía 2009
Estimados amigos lectores. Hace unos días le fue concedido al poeta y artista visual Juan Carlos Mestre el Premio Nacional de Poesía 2009 por su libro La casa roja. Poeta leonés, como Gamoneda, como Llamazares. Poetas de la niebla y la humedad, del frío y de la nieve, poetas cuya poesía siento cercana, poetas cuya experiencia me alcanza. Para leer algo suyo dejo este enlace:
http://www.google.com/hostednews/epa/article/ALeqM5gAdfKlvHIyDzHlQnR_RfZ9phC8Dwviernes, 11 de septiembre de 2009
De los Beatles a "Liverpool"

Seguro que ya conocéis la noticia de la nueva edición remasterizada de la discografía de The Beatles. En Tve.es podéis acceder a contenidos poco conocidos y a un programa emitido el pasado martes por "la 2" sobre los cuatro fantásticos mientras estaban en el estudio 2 de Abbey Road, grabando sus inolvidables canciones. A los fanáticos como yo nos entusiasman estos trozos de vida y de historia.
Pero si los Beatles remasterizan sus canciones, un poeta, José María Millares Sall, fallecido el día 8 de septiembre, vio reeditado un poemario suyo por la editorial Calambur, el pasado año. Su título Liverpool. Escrito cuando el poeta contaba con 28 años, en 1949, fue un poemario marginado, poco entendido por su coetáneos, debido a su alejamiento de las formas y conceptos poéticos de aquella época. De hecho, Millares Sall fue procesado en 1951, a raíz de la publicación de una revista poética creada y dirigida por él Planas de Poesía. El pasado mes de mayo se le concedió el Premio Canarias de Literatura.
Os entrego un fragmento de este poemario. Salud y poesía.
Oh, Liverpool, Liverpool.
Amigos, sobre este puerto extranjero están ya mis pies
que se hunden conmovidos sobre las duras baldosas, como tiernos tallos contra el fango.
Podéis comprobar qeu aún mi boca está en mi cara,
y que mi lengua no es una bala de algodón sobre el muelle,
y que mi vientre no está hinchado por el vino,
y que mis manos n han rastreado aún los senos de vuestras mujeres,
y que aún no han besado sus cuerpos sudorosos mis labios de martillo.
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